
AUTORIDADES DE CHIAPAS TRATAN DE MINIMIZAR MOTÍN EN EL AMATE

Por la noche, un boletín escueto. Tres párrafos. Fotos oficiales. Sonrisas. El anuncio de un programa llamado “Reparando Vidas” en el CERSS No. 14, El Amate, encabezado por Óscar Alberto Aparicio, secretario de Seguridad del Pueblo.
Horas después, ya en la madrugada, la realidad rompió el discurso: un motín entre personas privadas de la libertad, varios módulos involucrados y hasta 30 o 40 internos lesionados, según versiones de familiares y fuentes de seguridad.
Hasta hoy, ninguna explicación oficial clara por parte de la Secretaría de Seguridad del Pueblo.
Así amaneció El Amate: con normalidad aparente en el exterior, visitas permitidas y un mensaje implícito de “aquí no pasó nada”. Pero dentro, las preguntas siguen abiertas y el silencio institucional pesa más que cualquier comunicado.
El contraste es brutal. Mientras Óscar Alberto Aparicio hablaba de reinserción, segundas oportunidades y humanismo penitenciario, al interior del penal estallaba una gresca atribuida —según versiones— al traslado de líderes penitenciarios y al cambio de custodios, decisiones que, mal ejecutadas o sin control, suelen detonar este tipo de crisis.
No se trata de hechos aislados, sino de síntomas de un sistema penitenciario frágil, donde el control interno sigue siendo un problema latente y cuya responsabilidad recae directamente en la autoridad encargada de la seguridad.
Familiares de internos aseguran que hubo decenas de heridos durante la riña.
Las autoridades, en cambio, optaron por minimizar el hecho o simplemente no informar. ¿Cómo se puede hablar de “reparar vidas” cuando no se garantiza lo más básico: seguridad, control y transparencia?
La presencia de la Guardia Estatal, la Fuerza de Reacción Inmediata Pakal, la Guardia Nacional y el Ejército Mexicano en el perímetro no borra lo ocurrido. Refuerza, eso sí, la percepción de que el orden se sostiene más por la fuerza que por una política penitenciaria efectiva, diseñada y supervisada desde la Secretaría de Seguridad del Pueblo.
El problema no es el nombre del programa. El problema es la distancia entre el discurso oficial de Óscar Alberto Aparicio y los hechos.
Porque mientras los boletines presumen logros, los internos se enfrentan, resultan heridos y sus familias se enteran por rumores y redes sociales. Y porque en Chiapas, una vez más, la narrativa oficial intenta tapar con palabras lo que la realidad grita con violencia.
Reparar vidas no puede ser solo un acto protocolario. Reparar vidas exige asumir responsabilidades, informar con verdad y reconocer que, en El Amate, algo sigue roto.




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