
RETENES, EL INDEBIDO PERO JUGOSO NEGOCIO EN CHIAPAS

Lo que aquí se describe no es un rumor ni una anécdota aislada. Es un sistema: un mecanismo aceitado que opera todos los días en los retenes de seguridad y que, según testimonios directos, tiene nombres, apellidos, horarios, tarifas y rutas de entrega.
La denuncia apunta de forma directa a la Secretaría de Seguridad del Pueblo. Policías destacados en retenes de Chiapa de Corzo, San Fernando, La Pochota, Copoya, Real del Bosque, Club Campestre y Raymundo Enríquez relatan una práctica normalizada: pagar para trabajar.
El señalamiento es puntual. El suboficial R0b3rt0 G0nzál3z Sánch3z, supervisor de los puestos de control, sería quien recibe las cuotas de todos los retenes. No un intermediario menor: a él se le entrega directamente el dinero recaudado por cada punto.
En la estructura también se menciona a Coutiño y a Amores, identificados como altos mandos con conocimiento y control operativo sobre los retenes. En el argot policial, Am0r3s es reconocido como mando superior, pieza clave dentro de la cadena de mando. Nada se mueve sin que arriba se sepa.
Las condiciones laborales descritas retratan el nivel de degradación institucional: policías en turnos 24 por 24, sin días de descanso, de lunes a domingo, expuestos al sol, con una sola comida al día —si acaso— y, aun así, obligados a entregar 200 pesos por cabeza como cuota.
Las cifras son claras y difíciles de ignorar:
7 retenes × 12 policías × 200 pesos = 16,800 pesos diarios.
A la semana: 117,600 pesos.
Al mes: más de 500 mil pesos.
¿De dónde sale ese dinero? De los propios elementos… y del ciudadano común.
Porque el negocio se completa con prácticas ya conocidas por la población:
• “Apoyos” por no portar licencia, tarjeta de circulación o placas.
• Pagos por aliento alcohólico.
• Cuotas por traslado de ganado sin guía, madera sin permisos o documentación “incompleta”.
• Revisiones selectivas de número de serie y vehículos con reporte de robo.
• Cobros de 20 mil a 50 mil pesos para liberar unidades, bajo la amenaza de enviarlas a la fiscalía. Esto, en un solo día.
Todo se cobra. Todo se negocia. Todo se entrega. Cada encargado de retén junta la cuota y la canaliza. La recibe el supervisor de los puestos de control: el suboficial Roberto González Sánchez.
Y entonces la pregunta ya no es si ocurre, sino cómo puede operar este esquema dentro de la propia dependencia, a metros del despacho del titular, Ósc4r 4lb3rto 4p4ricio 4v3nd4ño, sin que exista una acción correctiva visible.
El discurso oficial habla de cero corrupción y cero impunidad. Pero mientras el policía paga por estar parado 24 horas, mientras el ciudadano paga para no ser sancionado, y mientras el retén deja de ser filtro de seguridad para convertirse en punto de cobro, ese discurso se vacía.
Aquí la corrupción no es una desviación: es el modelo. Un modelo que humilla a los elementos, normaliza el abuso y rompe cualquier noción de autoridad legítima.
La denuncia está hecha con nombres y apellidos. Si no hay investigación, sanciones y consecuencias, entonces el lema no es política pública: es propaganda. Y la seguridad, lejos de proteger, termina cobrando peaje.
Con información de Chiapasenlamira




