
AUTORIDADES FEDERALES NO CONFÍAN EN EL SECRETARIO DE SEGURIDAD DE CHIAPAS

En Chiapas ya comenzó a correrse fuerte una versión que cada vez toma más peso dentro de los pasillos de seguridad: las fuerzas federales ya no confían en Óscar Alberto Aparicio Avendaño. Mientras en otros estados hubo mandos y corporaciones que prácticamente vetaron su presencia, aquí terminó sentado en la silla más poderosa de la seguridad pública, con un uniforme nuevo, camionetas blindadas y una corporación vendida como “de élite”.
Hoy, cuando hay operativos delicados, cateos importantes o golpes contra grupos criminales, cada vez son más las acciones donde Marina, SEDENA y fuerzas federales prefieren trabajar entre ellos. ¿La razón? La misma que se comenta desde hace meses: las fugas de información dentro de las corporaciones estatales. En temas de seguridad, cuando la información se filtra, alguien termina muerto, alguien escapa o simplemente el operativo fracasa. Y eso en el mundo militar no se perdona.
Aparicio vendió la idea de una corporación fuerte, incorruptible y preparada para recuperar Chiapas. Pero poco a poco la narrativa comenzó a derrumbarse. La violencia siguió creciendo en varias regiones, los grupos criminales continuaron operando y la percepción de inseguridad jamás desapareció.
Y cuidado, porque la historia en México ya nos enseñó cómo terminan algunos “super policías”. El nombre de Genaro García Luna sigue pesando como advertencia nacional. Funcionarios que parecían intocables, protegidos por el poder y rodeados de cámaras, terminaron enfrentando cuentas pendientes. En Chiapas muchos ya empiezan a preguntarse si Aparicio no va exactamente por ese mismo camino.
Porque tarde o temprano cambian los gobiernos, cambian las alianzas y cambian los padrinos políticos. Y cuando eso ocurre, los expedientes comienzan a abrirse solos. Ahí es donde varios tendrán que explicar demasiadas cosas.





