

Este domingo, un joven mesero identificado como Jandry Arellano Nandayapa fue atacado dentro de un negocio de carnitas mientras familias desayunaban tranquilamente. Las imágenes son estremecedoras: un hombre vestido con pants entra al establecimiento, ubica directamente a su objetivo y comienza a dispar4r sin titubeos.
No hubo discusión.
No hubo advertencia.
No hubo miedo.
Fue directo a m4t4r.
Los disparos desataron escenas de pánico. Familias corriendo entre mesas. Personas intentando protegerse. Niños presenciando el horror. El agresor todavía se acercó para disparar nuevamente contra la víctima antes de huir en motocicleta, a plena luz del día y sin que nadie pudiera detenerlo.
Y mientras Villaflores vuelve a llenarse de miedo, aparece otra vez el silencio oficial.
Porque este no es un hecho aislado.
Villaflores ya había vivido una noche de terror apenas el pasado 27 de diciembre de 2025.
Aquella madrugada, hombres 4rm4dos llegaron en camionetas y at4caron bares de la ciudad. El bar Anubis terminó incendiado. Personas fueron privadas de la libertad. Días después aparecieron varias víctimas sin vida en Cintalapa. Otras murieron por las quemaduras provocadas por el fuego.
Entre ellas Jazmín “N”, una joven de apenas 21 años que terminó convirtiéndose en la octava víctima mortal de aquella jornada brutal de violenci4.
Las historias siguen doliendo.
Trabajadores atrapados. Personas huyendo entre llamas. Familias enterándose horas después de que sus hijos estaban hospitalizados o mu3rtos. Una ciudad paralizada por el miedo.
Y aun así, Villaflores jamás escuchó una postura firme, contundente y visible de la alcaldesa Valeria Rosales Sarmiento frente a aquella tragedia que sacudió a toda la región Frailesca.
Hoy la historia vuelve a repetirse.
Otra familia rota.
Otro negocio cerrado “hasta nuevo aviso”.
Otra escena de horr0r frente a ciudadanos inocentes.
Otro at4que 3jecut4do con absoluta impunidad.
La pregunta ya no es solamente dónde están los responsables.
La pregunta es dónde está el gobierno.
Porque cuando hombres 4rm4dos pueden entrar a negocios, incendiar bares, lev4ntar personas o ej3cutar a un joven frente a familias enteras sin consecuencias inmediatas, lo que se rompe no es solamente la seguridad.
Se rompe la confianza de todo un pueblo.
Hoy Villaflores vive con miedo.
Miedo de salir.
Miedo de trabajar.
Miedo de sentarse a desayunar.
Y mientras ese miedo crece, la alcaldesa Valeria Rosales Sarmiento, el secretario de Seguridad del Pueblo, Óscar Alberto Aparicio Avendaño, y el fiscal general del Estado, Jorge Luis Llaven Abarca, guardan silencio, mientras en redes sociales se insiste en que Chiapas es uno de los estados más seguros y que la delincuencia está siendo combatida. Sin embargo, para muchas familias, la realidad comienza a sentirse cada vez más peligrosa.


ALCALDESA DE COMALAPA CAE EN EXCESOS Y USA A LA MITAD DE LOS POLICÍAS DEL MUNICIPIO PARA SU SEGURIDAD PERSONAL



